viernes, 10 de julio de 2009

Conmemoración del 45º Aniversario de la muerte de Don Luis Batlle Berres (3)

El estadista que vio claro

Luis Trócoli

Hemos sostenido más de una vez, y lo hemos hecho con una sensación fruto de una mezcla de tristeza e incomprensión, luego de aquel sacudimiento dramático que supuso para el país la muerte de Luis Batlle Berres, ni la República ni nuestro propio Partido acometieron la tarea de dimensionar en medidas de justicia la colosal estatura que como estadista excepcional tuvo aquel gobernante y dirigente partidario.

Y ello le ha costado, por lo menos a dos generaciones, la información, el conocimiento y el por ende la comprensión de las ideas, de la lucha y de la conducta de la mayor y luminosa presencia directriz que ha tenido el Uruguay en sus últimos 50 años.

En esa actitud de LEA haciendo un hito especial a los 25 años de su fallecimiento, no solo merece el aplauso conmovido de quienes tuvimos la fortuna de poder actuar en su época y a su lado, sino que, además y ojala, pudiera constituir la portada, el prolegómeno de un esfuerzo en profundidad y en extensión por hacer conocer su pensamiento, fundamentalmente a los jóvenes, para que adviertan y se asombren de la vigencia y dramática actualidad que el mismo tiene hoy en los problemas de país, del continente y del mundo.

En el margen de esta participación que se nos solicita, el espectro de temas que invitan a abordarlos es interminable, pero tenemos la obligación de elegir uno y queremos hacerlo con el que supuso, en su hora y en su solitaria lucha, una verdadera premonición de un estado de conciencia colectiva en el continente y referido nada menos que al orden económico mundial que empezaba a tomar forma y desarrollarse casi simultáneamente con su irrupción en la tarea gobernante del país.

Puede afirmarse ahora, con admiración y reconocimiento, que en aquella década de los años 40, en la que comenzaban a entretejerse las coordenadas económico-financieras que provocarían inexorable y progresivamente el desplome de los países del Tercer Mundo, Luis Batlle fue el único de los dirigentes políticos del continente y del concierto de los países pobres del mundo que vio claro y que se plantó, solitario y aguerrido, en su pequeño país, para librar un tremenda batalla contra fuerzas gigantes que, sin ningún contenido doctrinario, no pretendían otra cosa que lograr que los países débiles fueran los proveedores de materia prima sin elaborar para alimentar los parques industriales de los países fuertes y mantener en ellos altos niveles de ocupación.

Porque es importante que los jóvenes que viven el impacto de la deuda externa como catástrofe universal que ven que hoy no hay foro de naturaleza alguna que no incluya su consideración en su temerario, y que se enteran a diario de las dificultades de los países subdesarrollados para comercializar su producción, o porque se les obliga a competir con producciones subsidiadas o porque se le cierran fronteras con políticas proteccionistas, y que ven, sin comprenderlo cabalmente, como, más allá de lo discursivo y formal se pretenden formar rubros de países de primera y países de segunda, es importante, repetimos, que sepan que estos fenómenos que alteran gran parte de la estructura social del mundo no nacieron por generación espontánea ni se crearon en los últimos 10 o 20 años, sino que llevan más de 40 años de vigencia y que la de Luis Batlle fue la voz que se levantó para luchar y para impedir que sus consecuencias cayeran como una maldición sobre el país. Y que lo logró. Si, venció. Mientras el partido fue gobierno. Hasta que el partido fue derrotado en las urnas y hubo que resignar la administración a manos del partido adversario. Allí las defensas se derrumbaron y fue la portada del caos. Pero eso ya es otra historia. Analicemos lo anterior más en detalle porque vale la pena.

Promediaba el Gobierno del Dr. Amézaga (1942-1946) que fue en su momento también el cambio en paz, pues fue fruto de la madurez de los hombres del partido para epilogar la dictadura terrista y el gobierno de Gral. Baldomir. Estaba en sus postrimerías la guerra que había desatado el totalitarismo hitleriano y las dos naciones que se sentían triunfadoras y que descontaban su protagonismo en el mundo en los siguientes cincuenta o cien años, comenzaban a armar los carriles, las coordenadas, por donde habrían de transitar en materia económica en el futuro.

En el Este la cosa fue bien simple: se creó la Comisión de Ayuda Mutua – que más tarde derivaría hacia el Comecón – con un principio muy claro y frontal, como lo era el del que los países comprendidos en el sistema debían sujetarse a los planes de desarrollo impuestos por Moscú.

En Occidente la solución fue muy parecida pero más sofisticada. Veamos. En los convenios de Bretton Woods del 22 de julio de 1944, se crearon 2 organismos:

1) El Fondo Monetario Internacional, cuya finalidad era crear un sistema de préstamos a corto plazo tendientes a equilibrar las balanzas de pagos transitoriamente afectadas.

2) El Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, encargado de la realización de préstamos a largo plazo, con fines de desarrollo económico.

Las grandes banderas teóricas que el Fondo desplegaba para fundamentar su creación estaban establecidas en el Art. 1º del convenio:

a. Cooperación sobre problemas monetarios internacionales;

b. Facilitar la expansión y el desarrollo equilibrado del comercio internacional. Mantenimiento de altos niveles y desarrollo de las fuentes productivas.

c. Estabilidad de cambio.

d. Establecer un sistema de pagos multilaterales y eliminar restricciones del cambio que obstaculicen el desarrollo del comercio mundial.

e. Fomentar la mutua confianza de los países.

f. Acortar y disminuir los desequilibrios de las balanzas de pagos internacionales.

Bien, simplificando en muchas etapas el proceso de los créditos otorgados por el FMI, particularmente los stand by, el requisito fundamental era el de la condicionalidad, es decir, que para ser otorgado, el Gobierno que lo procurara debía firmar una carta de intención, teóricamente fruto de un acuerdo y en la práctica dictado por el Fondo, donde se comprometía una política económico-financiera que deberían durar el plazo total de la suma de las entregas parciales del préstamo acordado.

Más de 40 años de aplicación del FMI en los países del Tercer Mundo, y los resultados obtenidos con las mismas eximen en la oportunidad del análisis que mostraría que todo el mecanismo fue creado y aplicado fríamente en el exclusivo beneficio de los países altamente industrializados.

La lucha entablada por Luis Batlle contra el sistema que buscaba y terminaría por aniquilar la capacidad productiva de los países afiliados al club de los stand by, fue realmente tremenda.

Comenzó con el establecimiento de la paridad a establecerse para el aporte del 25% de la cuota de afiliación que debía ser hecho en moneda nacional. Batlle sostuvo, sin decaimiento en su postura, que dicha paridad debía ser la 1.519 que era la que regia para le exportación de la lana sucia. El Fondo no lo aceptó y recién hubo acuerdo en el período de Gobierno nacionalista cuando se estableció dicha paridad en 7.20.

Fueron innúmeras las visitas de los funcionarios del FMI para reclamar del Gobierno batllista la supresión de los cambios múltiples que este utilizaba para su política social con 2.10 para la importación de combustibles, de 3.00 para medicamentos, 4.11 para materia prima y artículos de primera necesidad y del 6.11 al libre siguiendo la línea de lo suntuario con recargos de 40%, 75%, 150% y 300%. Muchas veces las batallas verbales fueron muy duras pero siempre los delegados del Fondo tenían que volverse sin haber avanzado un ápice en su pretensión de cambio único.

Y no fue más amable la controversia con el Presidente de la Federación Lanera Internacional, radicado en Paris, en su tesis desaforada por impedir que el Uruguay exportara ¿casimires?, ¿tejidos?, ¿hilados?. No, más aún. Tampoco tops, en la pretensión de que nuestro país fuera solamente exportador de lana sucia, obviamente, para alimentar de materia prima las fábricas instaladas en los países industrializados y mantener altos niveles de ocupación para sus obreros, con total menosprecio y desinterés por la suerte de los obreros de nuestro país.

Y Luis Batlle levantó la consigna de la industrialización del país. Y levantó tribunas en todos los rincones de la República, donde con los brazos en alto y los puños apretados, defendía el derecho de exportar el trabajo de nuestros obreros. Y salvaba de la quiebra a Lana Sur, propiedad de notorios adversarios del partido, y ayudaba a la creación de Sadil, y procedía al reequipamiento industrial de la República en términos porcentuales, sin parangón con todos los países de Latinoamérica.

Luis Batlle había visto claro. Y hasta 1958, gracias a la clara preeminencia de su personalidad y su pensamiento en la conducción del país, éste no firmó ningún préstamo stand by, defendió su libre determinación en materia económico-financiera, tuvo presupuestos equilibrados, creó fuente de trabajo y defendió la esperanza y la salud social de la gente.

Y era tan fuerte en él la pasión por el interés público que dos meses antes de su muerte, en mayo de 1964, denunciaba en el Senado el hecho de que EEUU subsidiaba las exportaciones a razón de 6 centavos por libra, lo que le permitía colocar la tonelada de carne en Europa a 80 dólares por debajo del precio que la comercializaba Uruguay. Y decía, en la oportunidad el ilustre gobernante: “Durante los gobiernos colorados principalmente cuando nuestro sector estuvo en mayoría, el país se defendió de esta acometida de los ‘grandes’ contra nuestra economía con los convenios bilaterales, con una política de importaciones dirigidas, con la desgravación de las industrias de exportación, con el fomento de nuestra agricultura y de nuestra industria, de modo de hacernos cada vez más independientes en la satisfacción de nuestras necesidades. Pero cuando el nacionalismo llegó al poder toda esta política de defensa de la producción y del trabajo uruguayo se vino al suelo y nos colocó indefensos en manos de las grandes potencias económicas”.

La denuncia, que se transformó en batalla, provocó una fuerte reacción internacional, incluso en los mismos Estados Unidos, cuyo ejercicio del dumping fue claramente probado y el que debió desistir frente a la magnitud de la denuncia de Batlle que consiguió restituir para los países exportadores de carne condiciones de competitividad sin ventajas ajenas a los reales costos de producción.

Este perfil del infatigable luchador por el bien superior del país que fue Luis Batlle, y que hemos tenido que describir a grandes líneas, muestra sin duda el genio de los grandes gobernantes, que son capaces de adelantarse en el tiempo con posturas ideológicas que recién al cabo de decenios, se transforman en un sentir colectivo, casi por encima y más allá de los partidos, porque es la esencia de un destino feliz y justo para la República lo que ha estado en juego desde un principio.

Tomado del fascículo de homenaje a Luis Batlle Berres del Diario Lea (1989) en ocasión del 25º aniversario de su fallecimiento.

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