A veces pienso que era un santo laico
Reportaje a
Por Dr. Juan Carlos Fon-Amor
Allí vive rodeada del cariño de sus hijos que la visitan, del afecto de sus amigos de siempre, del respeto inalterable que su condición de dama exquisita le ha granjeado entre sus vecinos.
Hace casi veinticinco años que no la vemos y nos sorprende lo poco que ha cambiado, activa, dispuesta, lúcida, a veces brillante pese a sus ochenta y dos años de vida intensa, con unas pocas canas más, aún bella, con esa serena belleza que da una gran paz interior, nos recibe con su habitual cordialidad.
Sobre la mesa del antiguo comedor familiar, hay cientos de fotos, recortes, recuerdos, para ayudarse y ayudarnos.
Más de una hora dedicamos a revisar y elegir.
Luego, sin grabador a su pedido, iniciamos la entrevista.
- ¿Cómo lo conoció a Don Luis?
- Mire, a Batlle lo conocí en forma fortuita, al verlo pasar por la calle y me impresionó profundamente. Eso fue en 1922 y yo tenía poco más de quince años.
Luego lo encontré en varios lados, pero al principio no sabía quién era, me parecía muy atractivo pero quería saber más de él. Una vez lo vi en el palco que estaba reservado para el diario “El Día” en el Teatro Solís y ahí supe que trabajaba allí, pero como Batlle en esa época andaba muy modestamente vestido, pese a que ya era Diputado, pensé que era un obrero de taller, que trabajaba en las máquinas.
- ¿Se ennoviaron enseguida, supongo?
- Luego, bastante después, nos presentaron unos amigos y allí comenzó todo, eso era por 1923, nos ennoviamos en 1925 y nos casamos en 1927. Fueron 37 años de matrimonio en que, como todos, compartimos alegrías y tristezas, triunfos y derrotas, venturas y pesares, siempre unidos.
Una de las alegrías deben haber sido los hijos… En poco más de cinco años vinieron los tres hijos, Jorge en 1927, Luis en 1930 y Matilde en 1933, justo en el momento que se había desatado la dictadura de Terra.
- ¿Cómo era la relación con Don José Batlle y Ordóñez?
- La relación con Tío Pepe era muy profunda y muy íntima. Batlle perdió a su madre a los tres años y a su padre –Don Luis Batlle y Ordíoñez- a los doce años, desde entonces pasó a vivir con su tío, quien lo quería mucho y lo distinguía con una consideración muy especial, era su mano derecha en un sinnúmero de cosas vinculadas con “El Día” y con la política, muchas veces cuando Batlle y Ordóñez tendía que hablar con Viera, Sosa, Manini, su sobrino era el contacto.
Cuando éramos recién casados tío Pepe lo llamaba a las siete de la mañana para conversar con él, darle instrucciones para el trabajo del día, comentar cosas de la política…
- Cuando muere Batlle y Ordóñez comienza un periodo conflictivo de la historia del Partido y del país y Luis Batlle sufre las consecuencias.
- Cuando estalló el Golpe de Estado de Terra, a Batlle lo detuvieron y estuvo en el Cuartel de Bomberos, después lo deportaron al Brasil y, finalmente pudo ir a Buenos Aires, ahí recién me pude reunir con él y llevar conmigo a los chicos, que eran muy pequeños. Fue un periodo en el que pasmos muy mal, con muchas penurias económicas. Cuando al final pudimos volver no teníamos nada.
- ¿Sin embargo poco después del retorno compra Radio Ariel…?
-
La compra de la radio se la propuso su hermano Lorenzo Batlle Berres, también un gran periodista, que era amigo del dueño Ferreri quien la quería vender, con el cual Lorenzo tenía un acuerdo.
- ¿La radio era una etapa trascendente en la vida política de Luis Batlle?
- La radio se transformó en un baluarte de la lucha por la democracia y la libertad, el apoyo a
- Con pocos recursos debió ser una tarea difícil lograr resultados.
- Allí trabajaron importantes figuras, muchos de ellos totalmente gratis para colaborar. En realidad colaboramos todos, incluso yo durante algún tiempo hice crítica cinematográfica en un programa que se llamaba “Cinefón Radial” con el seudónimo Mme. Verité. Batlle había escrito uno de sus libros en Buenos Aires bajo el alias de George Verité y de ahí tomé yo el mío.
Después, cuando Batlle entró como Presidente de
- Eso fue después del '42 y Luis Batlle ya insinúa su liderazgo en base a su prédica y su prestigio, ¿qué pasa después?
- En 1946 Batlle debió ser candidato a
- El triunfo lleva a Martínez Trueba a
- Batlle no se oponía al Colegiado, a lo que se oponía era a un Colegiado creado entre cuatro paredes, es un acuerdo de dirigentes, alguno de los cuales como el Dr. Luis Alberto de Herrera, no creían en esa solución y lo usaban solamente para adquirir una cuota de poder que no podían alcanzar con sus votos. Batlle quería que si se resolvía un Colegiado lo resolviera el pueblo, convencido de que era una solución porque de lo contrario iba a fracasar.
El dijo que iba a durar poco y así fue, lo había previsto.
- Además el Colegiado frustró su segunda Presidencia que de otro modo hubiera sido prácticamente segura.
- No tenga ninguna duda, durante los tres años y medio en que ejerció
- La campaña contra Luis Batlle fue una de las causas de la derrota del Partido Colorado en las elecciones de 1958 ¿verdad?
- Sí, creo que fue así. Lo calumniaron en todas las formas posibles, sin fundamento alguno. Dijeron de todo y ello provocó dudas. Después cuando fue Senador de
- ¿Qué significó para Luis Batlle el ser derrotado en 1958?
- El siempre pensó que la gran derrota era la del país. Que se interrumpía la obra del batllismo y que eso era nefasto para
Al día siguiente de la derrota escribió un editorial histórico en “Acción”, reclamando el esfuerzo de todos para volver a obtener la victoria, dando ánimo a los desalentados, incitando a todos a continuar la lucha sin un solo desmayo. La recuperación del Partido, que estuvo cerca de obtener la victoria en 1962, fue en gran medida su obra.
- Sin embargo esa derrota debe haberlo afectado…
- Y cómo! Eso fue lo que generó su enfermedad al corazón. Batlle era plenamente consciente de la fragilidad de su estado, pero no abandonó su lucha incansable. El dijo: “Entre cuidar mi salud y cuidar al Partido, cuido al Partido como es mi deber”. Sin embargo en alguna ocasión manifestó: “No le temo a la muerte, pero qué inmensa pena será el no volver a verlos”, allí está condensada toda su enorme ternura unida a un carácter firme y un gran sentido de su responsabilidad. Muchas veces pienso que era una especie de santo laico.
- ¿Cómo era Luis en su relación a nivel familiar?
- Era un hombre con una tremenda capacidad de cariño, que adoraba a su familia a la cual brindaba todo su amor. Sufrió mucho, por ejemplo, cuando Luisito, llevado por su vocación musical, debió ausentarse del país. No quería dejar que se fuera. Yo le decía que él amaba con los brazos apretados y yo con los brazos abiertos.
Ya ha pasado un cuarto de siglo desde su muerte y a veces me parece mentira. Todavía cuando tengo que hablar de estas cosas me emociona mucho, a pesar del tiempo transcurrido y de que el tiempo es el único paliativo para el dolor de que no esté.
Le voy a hacer una confidencia. Cuando murió Batlle, durante algún tiempo su escritorio quedó como lo había dejado: lleno de papeles, libros, anotaciones, diarios, en un tremendo desorden que sólo él entendía y que no me permitía tocar. Cuando al fin pude empezar a revisarlo encontré allí un libro, junto a su lugar de trabajo, “El amor humano” de Jean Guitton, abierto en la página que leí llorando. Lo he guardado siempre y lo tengo aquí. Dice así: “La vejez nos lleva hacia el cónyuge. Necesariamente la comunidad de vida se hace mayor por el alejamiento de los hijos, tan frecuente en nuestra civilización personalista, por los achaques que nos hacen reclamar el apoyo del otro, por el hábito casi animal de estar juntos”.
“En este tercer estado el amor carece de pasión, no es casi sentimiento sino mas bien estado. Reviste cierto aspecto de cosa sagrada, me atrevería a decir sacramental, porque el tiempo transcurrido, la madurez alcanzada, la imposibilidad de seguir acrecentándose, la aproximación del fin, le dan carácter de estabilidad. Es amor que se recuerda, que se repite, que se encuentra nuevamente”.
“En este momento el amor se aproxima a
Mientras lee su voz tiembla, los ojos, serenos, brillan humedecidos. –Creo que fue la forma de despedirse – me dice, con una sonrisa muy dulce.
Y no pude continuar la entrevista.
Tomado del fascículo de homenaje a Luis Batlle Berres del Diario Lea (1989) en ocasión del 25º aniversario de su fallecimiento.
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