viernes, 10 de julio de 2009

Conmemoración del 45º Aniversario de la muerte de Don Luis Batlle Berres (4)

Una lección en el recuerdo

El coraje y la tolerancia

Reportaje al Presidente de la Cámara de Diputados Luis Antonio Hierro López

Por Eduardo Ferrer

“Tengo a Luis Batlle en la memoria como un nítido recuerdo de infancia”; nos expresa Luis Antonio Hierro López, actual Diputado y Presidente de la Cámara de Representantes, hijo del actual embajador uruguayo en España y viejo luchador batllista Luis Hierro Gambardella, buena parte de cuya formación y realización en la vida política nacional la hizo al lado del formidable caudillo quincista.

“Estaba siempre muy cerca de él – continua Hierro López - ; recuerdo perfectamente la noche del último domingo de Noviembre de 1958 cuando, ante la derrota electoral, mi padre lo llamó desde mi casa y Batlle le dijo: “Lo espero mañana a las ocho de la mañana en el diario ‘Acción’ para empezar a trabajar otra vez”… Yo tendría, entonces, unos ocho o nueve años.

Pero cuando empecé a tratarlo realmente fue en mi adolescencia, cuando tendría yo unos quince años.

Era un hombre de profunda humanidad, tenía una expresión de sentimientos muy cálida y también una gran firmeza de carácter, como lo indica la anécdota anterior y otros hechos y manifestaciones que pude observar posteriormente”.

AQUEL CHUPIN DE PESCADO

“Mi madre hacía un delicioso chupin de pescado – continúa nuestro interlocutor – y a Luis le encantaba. Cada tanto iba a nuestra casa para volver a gustarlo. A veces, provocaba reuniones de esa índole y aprovechaba también el encanto de aquellos encuentros familiares, para invitar a compañeros políticos que estaban distanciados o tenían algún problema, dándoles un sentido de unidad y entendimiento.

Yo escuchaba esas charlas y ello también me ayudó a conocerlo y fijar su forma de ser, su sonrisa, sus ademanes…”

EL CORAJE Y LA TOLERACIA

“El recuerdo en torno a Luis Batlle más claro y mas grato de mi adolescencia proviene de un día en que, contando yo unos 16 años y haciendo mis primeras armas periodísticas y políticas en aquel inolvidable diario ‘Acción’ de la calle Camacuá, entré por un instante a la redacción política y, sin aviso ni saludo previo, me dijo: ‘ciudadano, usted me acompañará a Fray Bentos el próximo fin de semana’. Fueron para mí jornadas inolvidables.

Partimos en su Mercedes colorado; de a ratos manejaba el chofer, otros él. En momentos que él conducía, por la mitad del trayecto, tuvo que aminorar la marcha porque en la ruta estaban realizando trabajos viales. De repente, de uno de los obreros partió un insulto a su persona que se escuchó nítidamente en la clara mañana. Paró el auto y bajó, mientras el chofer intentaba hacer lo propio; él se lo impidió con un gesto a la vez que expresó: ‘Voy solo…’ Se arrimó al grupo y preguntó: ‘¿Alguien tiene algo que decirme?’… Un nervioso silencio tensó el ambiente y, finalmente, un capataz dio un paso al frente y manifestó: ‘No don Luis, siga su camino’… El obrero que había sido responsable del insulto – a quién yo había individualizado perfectamente desde el vehículo – ni lo miró y el caudillo, volviendo sus pasos, retornó al volante siguiendo la marcha sin referirse más al incidente.

Ya en Fray Bentos, creo que fue un domingo – prosigue Hierro López – me invitó a caminar solos por la calle. La gente lo saludaba con cariño y respeto. ‘Vamos a entrar en la Iglesia’, me dijo.

Aquella invitación, con mi formación y a los 16 años, contradecía mis sentimientos y lo que yo pensaba que también eran los suyos. Ya adentro del recinto me dijo: ‘Las Iglesias de campaña son muy lindas; además, más allá de cualquier posición filosófica es bueno tener una gran tolerancia para con los sentimientos religiosos de la gente’ “.

UN HOMBRE EN TODA SU GRANDEZA

“Allí – dice Hierro con visible emoción – vi al hombre en toda su grandeza. En esa gira tan breve lo pude observar en su coraje y en su tolerancia. Era un ser humano de grandes dimensiones que en aquella mañana luminosa y fría de 1963, en la paz del ambiente provinciano, le enseñaba a un joven amigo el espíritu que hay que tener, al advertir su inicial rechazo por entrar en una Iglesia.

Estas impresiones y otras que he recogido de mi padre, quien profesó gran cariño y lealtad hacia Luis Batlle, me han permitido definir el perfil de un gran dirigente político, que tenía un enorme olfato para advertir y entender las ansiedades populares y una formidable capacidad para la conducción que le permitió superar las más graves circunstancias”.

SOLO POR LOS GRANDES CAUDILLOS

“Lo recuerdo, finalmente – añade Hierro -, en su última época como Senador de la República; sus adversarios, que tan duro lo habían atacado entre 1948 y 1958, le profesaban un absoluto respeto.

La historia podrá criticar algunos aspectos de su gobierno, pero, más allá de cualquier juicio de esa índole, existe un sentimiento popular que los uruguayos tienen solo por su grandes caudillos y yo creo que él lo fue. Por su carisma, por sus actitudes, por sus discursos expresados con un tono de voz inconfundibles y una profunda calidez por su calidad humana.

Quienes lo conocimos, como yo, aún en forma tan remota, lo seguimos extrañando por todo eso y más; por la magia de su comunicación y por el atractivo formidable que ejercía en la gente.

El me dejó, a los 16 años, un sello imborrable que llevo con orgullo en el alma, en el corazón y en la mente. Y en esa estadística sin tecnología que es nada más – ni nada menos acotamos nosotros – que la historia de las vivencias de un hombre”…

Tomado del fascículo de homenaje a Luis Batlle Berres del Diario Lea (1989) en ocasión del 25º aniversario de su fallecimiento.

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